domingo, 18 de octubre de 2015

Murphy, los festivales y los intérpretes

Si uno decide (por algún motivo) seguir a un intérprete en redes sociales se encontrará con menciones al señor Murphy y su ley cada poco tiempo. Suelen ser comentarios sobre lo que le haríamos si le tuviéramos a mano, promesas de sacrificios de cabras si se porta bien y no nos fastidia un trabajo y en escasas ocasiones son agradecimientos o palabras de afecto.

¿Cómo no tenerle manía a esa especie de ley no escrita que se encarga de que nos coincidan los mejores trabajos en el mismo día? La ley de Murphy, en el apartado intérpretes, garantiza que si una semana no tienes trabajo y te quejas de esa amarga situación, recibirás a continuación la llamada de dos o tres agencias para ofrecerte cabinas pero todas para el jueves por la mañana. Uno ante esta coincidencia cósmica se pregunta: ¿no podían pasar una de esas cabinas al viernes que lo tengo bastante libre? Pues no, hacer eso le quitaría toda la gracia al asunto. Así que una vez que el intérprete ha aceptado la primera cabina que ha llamado a su puerta para ese jueves ya sabe que todas las solicitudes de presupuesto que tendrán a bien colarse en su correo serán precisamente para ese jueves y no otro, ni para ningún otro día de todo el año.

El cosmos, los poderes superiores, Murphy o la viejula de la escobula (como diría Snoopy) son unos cachondos. Sin embargo, también juegan a nuestro favor de vez en cuando si nos molestamos en estar atentos.

Las coincidencias no siempre son negativas. Hace un tiempo publiqué la historia de Katrine Switzer y la curiosidad necesaria, en la que narraba un hecho similar pero el año pasado al finalizar WISE Valencia, los organizadores nos invitaron a una paella en la playa. Mi compañera de piso y servidora nos fuimos para allá sin mirar un mapa, total, no puede ser tan difícil encontrar el mar desde la parada de metro. Al llegar al final de trayecto una chica se nos acercó y se ofreció a llevarnos si a cambio podía ir con nosotras. Tenía terror a las manadas de machos ibéricos que aparentemente se lanzan al ataque en cualquier momento si eres rubia (o eso decía ella. Al no ser rubia y ser autóctona no he tenido que sufrir dicho acoso pero no era por dudar de su palabra). La muchacha en cuestión se pasó todo el camino hablando de un festival de música electrónica que tenía una pinta estupenda. Habló sin descanso sobre el Tomorrowland Bélgica, la decoración de los escenarios, la música, las pulseras que te entregan con la entrada para que hagas amigos en Facebook, las tiendas de camping que son más caras que algunas habitaciones de hotel, etc. Fue un repaso de lo más completo.

Muchos lectores a estas alturas se preguntarán a cuento de qué viene todo esto. Al despedirnos de la chica yo tenía claro que quería saber más sobre el festival y, a ser posible, quería ir alguna vez para vivir la experiencia más de cerca.



Aquí Murphy decidió ser amable y pensó que después del sacrificio que fue ir de acompañante-escolta, me había ganado una solicitud de presupuesto a los seis meses para trabajar en un festival llamado Tomorrowland como intérprete durante las entrevistas en su edición en Brasil y en Bélgica. A esas alturas ya me había estudiado el festival de arriba a abajo y estaba preparada para hacer frente al nuevo reto. Aquí el señor de la ley ingrata me había hecho un favor, dado que la mayor parte de la investigación ya la tenía hecha y solo tenía que centrarme en la parte fundamental de ese proyecto que era la voz.

Ya lo he dicho unas cuantas veces, cuando interpretas para televisión tienes que mimar la voz más que nunca. No vale con saberte toda la terminología, en este caso, tienes que ser un poco más "intérprete". ¿Qué quiero decir con eso? Pues que hay que adaptarse, no puedes poner el mismo tono de voz cuando interpretas a Obama en una rueda de prensa que a una de las hermanas de Nervo en plena sesión de DJ ante una multitud enloquecida. Es cierto que la terminología no es especialmente complicada y que lo más importante es ir rápido (aquí nadie habla con calma y de forma pausada), intentar que encaje lo más posible la interpretación con el audio original (sin llegar a ser un doblaje) y encontrar el tono adecuado para transmitir el subidón y la alegría pero sin caer en el error de parecer una loca desfasada porque no es lo mismo que te escuchen en persona que a través de la televisión, la percepción cambia.

Las herramientas no cambian

Una de las curiosidades a la hora de interpretar un festival es que tienes muchos ratos de espera, momentos en los que hay actuaciones y puedes escuchar la música entre turno y turno de interpretación. Eso está genial si te gusta el tipo de música y encima en un festival siempre hay una atmósfera única que hace que todo suene diferente, pero al mismo tiempo puede convertirse en una fuente de distracción. Uno llega concentrado al trabajo, arranca la primera fase de interpretación, le toca esperar una o dos canciones, se acaba rindiendo a la música, al buen rollo y luego tiene que volver a ser un profesional y centrarse. 

Una de las cosas que me encantó de este trabajo, será por deformación profesional, fue cotillear los cascos de los diferentes DJs. Los más famosos tenían cascos personalizados, casi todos optaban por la opción de poder girar uno de los auriculares para dejar una oreja descubierta y había una marca que se veía mucho más que el resto. Si os interesan los cascos os recuerdo que hay una entrada en el blog al respecto.

Avicii y sus casos



Nota 1: Sé que la Fundeu recomienda "disyóquey" pero me pasa como con "pósit", espero que no os moleste.
Nota 2: ¡Los del fondo! ¡Si os ha gustado esta entrada, quiero ver esas manos arriba!




domingo, 11 de octubre de 2015

Sobre el número tres

Aunque los anuncios de yogur digan lo contrario, a veces las cosas vienen bien de tres en tres.

- Tres intérpretes en una cabina puede parecer una mala idea por el tema del espacio personal.

Se te ha ido, si no entramos (traducción libre)
Desde luego las cabinas portátiles son todo menos espaciosas. Ya cuando somos dos tenemos que dividir el espacio como los niños pequeños dividen el asiento trasero del coche, pero en ocasiones puedes encontrarte con tres intérpretes en una cabina y aunque se corre el riesgo de acabar como en el camarote de los hermanos Marx, todo tiene sentido.

La del sombrero es la intérprete
Las veces que he tenido un tercer intérprete en cabina se ha debido a que el tercero en cuestión estaba en prácticas o formándose y no hay nada como poder ver el trabajo al pie del cañón en vivo y en directo. Tuve la enorme suerte de hacerlo en su día y en ocasiones he devuelto el favor. Recuerdo una conferencia en la que un chico se acercó al inicio y nos contó que era estudiante de traducción y que tenía que decidir ese año si optaba o no por la interpretación. Así que le dejamos sentarse en cabina y al terminar aseguró tener las cosas más claras (no nos dijo si le habíamos traumatizado de por vida).

- Un equipo de intérpretes en tres salas diferentes también puede funcionar muy bien. Hace poco interpreté con otros dos compañeros un congreso internacional sobre coctelería. Sé lo que estáis pensando pero no, los intérpretes teníamos que estar sobrios si bien el resto de los asistentes iban animándose más y más a medida que pasaban las horas.

Lo malo de estos congresos es que se reparten cócteles con una pinta de lo más saludable, elaborados por los mejores del sector y se acercan a cabina y sabes que si caes en la tentación todo es posible, incluso interpretar del inglés al chino en lugar de al castellano. Por lo que hay que cerrar las puertas de la cabina, ser un profesional y luchar contra la tentación.

Hasta ahí llegas, ni un paso más

Lo bueno de ser tres es que tienes esa sensación de equipo que hace que un trabajo complejo sea más llevadero y que permite que un compañero te pueda echar una mano si su sala ha terminado y tu infoport acaba de arrancar su turno a pocas salas de distancia. No siempre tres son multitud, muchas veces son el número justo.

- Para terminar, no quería dejar pasar la oportunidad de dar las gracias a los lectores por estos cinco años de blog, por el apoyo, el cariño y los votos que han permitido que este blog informal reciba por tercer año consecutivo el premio Community Choice de Proz.com.



No es que sea lo mismo que recibir un Oscar (o interpretar la gala), pero me hace mucha ilusión.

Leo y Murakami saben a lo que me refiero
Cinco años son muchos y algunas entradas han gustado más que otras. Curiosamente las que más han costado han sido las menos vistas, pero igualmente tienen su lugar en esta colección extraña de experiencias, ideas, cursos, entrevistas y fotos de cabinas.

Como diría Meryl Streep: no creo que me sea posible ganar por cuarta vez así que voy a decir ahora lo que quiera, por si no vuelvo a tener la oportunidad: