jueves, 11 de abril de 2013

Acentos y cabinas de cristal

Nuestra intérprete anónima se ha dedicado estos últimos meses a descubrir nuevas cabinas en sus viajes por Madrid. Cuando uno cree que ya ha visto todo tipo de cabinas se encuentra con maravillas como una cabina portátil de madera que parece la casita de cuento de la abuelita de Caperucita y en la que no solo hay espacio de sobra para las dos intérpretes sino que además ha sido diseñada por alguien que podría dedicarse también a diseñar los aseos de señora en los bares. Más que nada porque ha pensado que en invierno los intérpretes suelen llevar un abrigo y tendrán que dejarlo en algún lugar que no sea el suelo.

Además de esa cabina, ha visitado otra construida dentro de una capilla. Una cabina entera de cristal, preciosa, muy moderna, con paredes y suelos de mármol. Vamos, una obra de arte que favorece la conservación al fresco de cualquier intérprete aventurero. El cristal y el mármol no son precisamente los mejores materiales si no quieres oír el ruido constante de intérpretes a los que les castañean los dientes a través de los receptores.

Unas vistas divinas

Independientemente de la temperatura de la cabina, nuestra aventurera ha conseguido cumplir un sueño personal: interpretar a un australiano de acento cerrado sin morir en el intento.
Los acentos son una de las piedras del camino de los intérpretes, te puede tocar casi de todo cuando trabajas con el inglés como lengua de partida. No nos engañemos, son pocos los ponentes que parecen clones de los periodistas de la BBC, lo más normal es que te toque un francés hablando en inglés, un empresario de Atlanta, un técnico de Manchester (de la zona chunga), o un médico que habla un inglés nivel medio.

A veces, llegas a la sala y un organizador te dice:
- Tenemos a un ponente de Belfast, os deseo suerte, no hay forma de entenderle.

Y ni corta ni perezosa, te acercas a ese ponente para hablar con él, intentar escucharle para saber qué dificultades plantea y recordarle que hay alguien en la cajita del fondo que le va a interpretar.
Esto no está exento de riesgos. A nuestra aventurera una vez le avisaron y aprovechó la hora de la comida para sentarse junto a su ponente. Le dejó hablar todo el rato para estudiar bien su acento y el hombre quedó encantado. Tanto así que le dedicó tiernas miradas de afecto a la intérprete durante toda su ponencia y terminó pidiendo un aplauso para ella, porque le gustó que por fin una mujer le escuchase.

Si recibes la información sobre los ponentes con tiempo, lo más habitual es buscar vídeos en internet y cada vez hay más material colgado que te permite hacer esa investigación en casa.

En este caso, el ponente australiano en cuestión prometió hablar despacio, venía de dar otra charla en Inglaterra en la que uno de los asistentes había pedido que le substitulasen. Todo salió muy bien porque una intérprete aventurera se prepara para estas cosas y aprovecha los tiempos muertos de esta profesión para escuchar vídeos con distintos acentos.

Ya no podrán reírse de ella la próxima vez que justificase haber pasado las vacaciones de navidad viendo series australianas (por la trama y el acento, el que salgan chicos guapos solo es un valor añadido). La cuestión es: ¿es posible desgravarse la compra de series como material de estudio?

Para empezar el entrenamiento, os dejo este anuncio de la televisión australiana que anima a cualquiera:



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