jueves, 1 de marzo de 2012

Cuidado con la intérprete...muerde

Esta entrada no es más que un breve apunte informal para contar algunas anecdotas de cabina y animar a otros compañeros del mundo de la interpretación a compartir algunos de esos momentos curiosos que pasan una vez que cruzas la puerta de la cabina y entras en una dimensión en la que la ley de Murphy es de cumplimiento obligatorio.

Mitos y realidades de la cabina portátil:

- Las cabinas en la gran mayoría de los congresos y reuniones en Madrid no se parecen ni en pintura a las de las Naciones Unidas o la UE. No son nada fashion y tienen un maravilloso enmoquetado interior para su insonorización que no cumple del todo su función pero que conserva los olores como nada en este mundo.
Mientras trabajas no eres consciente de estar en una sauna pero cuando sales a estirar las piernas notas el cambio de temperatura y cuando regresas, te da la bienvenida un calor con fundamento.

- Da igual el tamaño de la sala, si hay una columna, la cabina se colocará de tal modo que lo único que pueda ver el intérprete será dicha columna. Está todo fríamente calculado, porque así tendrás la oportunidad de explicar un poco tu profesión al encargado de turno, con el objetivo de convencerle para que mueva la cabina antes de que empiece el evento.
En una interpretación, fue imposible mover la cabina, de modo que conseguimos que cambiasen de sitio el atril de los ponentes, para poder verles la cara. La columna era enorme.

-Las cabinas portátiles fueron diseñadas por un espartano. No tienen ganchos para colgar el abrigo o el bolso. Así que vale la pena tenerlo en cuenta si una está pensando en llevarse ese abrigo blanco tan mono a la conferencia. Yo llevo siempre un bolso que sobrevive a más de ocho horas en el suelo sin perder la sonrisa. El espacio vital en su interior es mínimo, por lo que no es recomendable ir con tres diccionario, el portátil, dos botellas de agua, tres cuadernos, un pack de folios, la merienda y medio kilo de kiwis para el descanso.

-A veces, no vendría mal recordar al público asistente que las cabinas portátiles no están pensadas para determinadas actividades:
* No es el sitio que la organización ha habilitado para los fumadores compulsivos (basado en casos reales)
* No es el lugar en el que la gente puede dejar las maletas y trolleys (solo pasó una vez)
* Sí que molesta si deciden esconderse detrás de la cabina para hablar por el móvil, especialmente si la conversación es aburrida y a voz en grito.
*No es un sitio en el que uno se pueda apoyar. Nos ponen cristales por algo, para que veamos la sala (al menos la parte que no queda oculta tras la columna). Por eso, la gente que pasa delante nuestro continuamente nos desconcentra un poco, pero lo malo es cuando un asistente se queda de pie justo delante del cristal o ventana de la cabina y nos tapa la "vista" o cuando ya pasa al siguiente nivel y se apoya en la cabina. No es por ser alarmista, porque las cabinas portátiles no se caen con facilidad pero tampoco es cuestión de ayudar (a mi se me cayó una encima).
En mi última interpretación teníamos a dos apoyados a cada lado de la cabina, a una chica que paseaba sin cesar y a otro que la perseguía. Llegó la cosa a tal extremo que nos planteamos seriamente pegar este cartel en el cristal:



En general, las cabinas son esos pequeños espacios en los que todo es posible, cada intérprete debe tener mil historias y me encantaría leerlas en los comentarios o en los blogs de otros compañeros.

¿Por qué no dedicar el mes de marzo a las historias de cabinas?

2 comentarios:

Sebastián dijo...

Da gracias si no te tapan la vista con un manto negro enorme porque las cabinas son "antiestéticas" (a mí me parecen preciosas, la verdad). :)

Aida dijo...

Eso nunca me ha pasado. ¿No veíais nada? Menuda "estética" más práctica