lunes, 16 de enero de 2012

Las palabras se las lleva el viento

Hace unas semanas os presenté a mi compañero habitual de cabina, Iván, porque siempre es bueno leer diferentes puntos de vista. Este es un blog personal y lógicamente yo soy la que doy mi opinión la mayor parte del tiempo (aunque corra el rumor de que tengo un mono que escribe algunas entradas). Sin embargo, me gustó la experiencia de tener otra voz y he invitado a una compañera de fatigas, para que ella también pueda hacerse oír.
Elvira Bartolomé es traductora, editora en una de las principales editoriales de España, correctora y profesora de traducción en Estudio Sampere (tiene que soportarme en los descansos de clases). Es una de las profesionales más serias y responsables que conozco y he tenido la suerte de colaborar con ella en proyectos de traducción. Además de todo eso, es una gran persona y una buena amiga. Os dejo aquí su artículo-contribución para el blog:

¿Las palabras se las lleva el viento?

Recuerdo que cuando estudiaba traducción en la facultad, la profesora de interpretación nos dijo que algunas personas preferían la interpretación a la traducción por aquello de que las palabras se las lleva el viento. No comparto totalmente esa opinión porque a un mal intérprete también se le pilla si no ha hecho un trabajo de calidad. Sin embargo, es cierto que cuando traduces, tu trabajo lo dejas por escrito. Es difícil retractarse de algo de lo que ha quedado constancia impresa y su lector tiene muchas más oportunidades de comprobar la calidad de lo entregado.

 En una entrada anterior, Aida ha hablado del documental La mujer de los cinco elefantes sobre la traductora de la obra de Dostoievski al alemán, Svetlana Geier. Al hablar de su experiencia dentro del mundo de la traducción, decía que siempre seguía el consejo que le dio una de sus profesoras: “al traducir, debes tener bien alta la nariz”. Algunas personas la consideraban arrogante por mantener tal actitud. Sin embargo,  lo que ella quería decir era que a la hora de traducir hay que despegarse del texto, hay que asimilar su contenido en conjunto antes de expresar lo que en él se dice. De ahí la importancia de dejar reposar el texto (si la fecha de entrega te lo permite) y retomarlo posteriormente para pulirlo.

Resulta curioso el proceso de traducción de Svetlana y, en especial, el de corrección porque no era sino un músico el que le servía de corrector. Al ver el documental me chocó que no fuera un especialista de la lengua el que realizara comentarios a la traducción de Svetlana. Claro que la traductora, a pesar de su reticencia a llevar a cabo algunas correcciones sugeridas por el músico, tenía claro que la traducción no solo consiste en traducir y en tener conocimientos lingüísticos, sino en expresar también el sonido de las palabras y su ritmo dentro de la frase. Todo esto me lleva a un libro maravilloso de Álex Grijelmo, La seducción de las palabras, en el que habla de los colores presentes en los sonidos de las palabras. Por ejemplo, la luz se encuentra en las que tienen la letra “u” como “luz” o “lumbre”, el blanco en palabras con la letra “a” como “alma” o el negro en las que tienen la “o” como el nombre de este mismo color.

Evidentemente, cuando se traduce un texto literario resulta imprescindible plasmar el sonido para dotar al texto de una gran belleza. No obstante, cualquier texto, con independencia de dónde vaya a ser publicado o quién lo vaya a leer, es digno de llevar un precioso traje formado con palabras que hagan que su lectura sea un verdadero placer. 
Elvira Bartolomé Correia


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