jueves, 15 de diciembre de 2011

Y si además canta....

Con frecuencia me toca defender mi amor por la consecutiva, es posible que me guste porque algunas de las técnicas (y trucos) que se necesitan para salir airoso de una consecutiva son cosas que ya hacía desde pequeña en mi vida normal. Ahora os preguntaréis si de niña era un repollo con cuaderno que interpretaba lo que decía la gente y la respuesta es no, pero lo cierto es que tengo buena memoria, soy buena resumiendo y tomando notas. En su día tuve grandes profesores que me enseñaron a entrenar la memoria. Mi abuela me hacía leer y memorizar capítulos del libro El Cantar de Mio Cid en verano (aunque nunca entenderé el motivo pero le he sacado rentabilidad). Y todo este viaje por los recuerdos viene a cuento porque he leído una interesante entrada en el blog The Booth Inhabitant que menciona el ya famoso incidente del entrenador del Real Madrid y su "traductor".

Si no lo habéis visto, el vídeo está colgado en YouTube y no tiene desperdicio. No lo comento por un deseo de criticar, nada más lejos de mi intención. Al verlo uno puede pensar: "Vaya, no ha tomado notas". Como realmente no sé qué le pasó o si esta persona habitualmente trabaja como intérprete de consecutiva, no creo que sea este el sitio para debatir al respecto, lo que queda claro es que se inventó la interpretación y le llamaron la atención por eso. Esto me ha hecho pensar en varias de las cosas que comento en clase cuando enseño consecutiva y en muchas de las situaciones en las que me he visto envuelta.

El gran fallo de un intérprete de consecutiva es pensar que es el bolígrafo el que hace todo el trabajo. La memoria es la herramienta principal, las notas no son más que una muleta en la que te apoyas cuando dudas. Pero, cuidado, cuando digo la memoria, no me refiero a recordar cada palabra para luego repetir el discurso como un loro. Ayer, sin ir más lejos, me tocó trabajar como intérprete de consecutiva y el artista para el que trabajé me pidió una interpretación "literal". Me pregunté si habría visto el vídeo de Mou pero luego caí en la cuenta de que para él las palabras eran muy importantes. Me tocó explicarle que yo no iba a añadir nada de mi propia "cosecha" pero que en general, si él hablaba más de 10 minutos sin parar yo iba a tener que resumir un poco, sin cambiar su discurso y que algunas cosas al ser "traducidas" debía modificarlas para que significasen lo mismo en los dos idiomas. Eso no le gusto nada y me aseguró que diría frases muy cortas para que pudiera interpretarle "literalmente".

Un intérprete de consecutiva debe escuchar, entender la información, traducir los términos, construir la frase en el idioma de llegada y luego interpretar. Esa es la teoría y generalmente el trabajo, pero a eso tenemos que añadirle una serie de dificultades que complican las cosas. Por ejemplo, ayer mi ponente solo usó frases cortas los tres primeros minutos, porque luego se olvidó de mi presencia (como es lógico) y empezó a explicar su obra en intervenciones de más de cinco minutos. En estos casos las notas son esenciales, aunque la memoria y el sentido común siguen siendo la clave. En el cuaderno anotas fechas, datos, nombres e información que te permite enlazarlo todo para que luego puedas interpretar con la seguridad de que no te estás olvidando nada.
Pero la vida sería muy sencilla si el mayor de nuestros problemas fuera una intervención de cinco minutos. La realidad es mucho más compleja. A eso, a menudo, hay que añadir esas situaciones en las que el ponente decide ponerse a hablar con otra persona sin hacer pausas, como por ejemplo, el comisario de la exposición o un periodista y entonces tienes que diferenciar en las notas quién ha dicho qué, para luego explicarlo todo cuando te toque el turno.
En clase de consecutiva te suelen decir que con esta técnica tienes más tiempo de análisis pero con frecuencia la gente carece de paciencia. En ocasiones, apenas termina de hablar el ponente, este o el resto del público (o todos) se giran y te miran expectantes, reduciendo el tiempo de "análisis" al mínimo. A nadie le gusta esperar.


Y en una consecutiva (igual que en una simultánea) tienes que estar preparado para el Factor Sorpresa que hace que este trabajo sea interesante y que ningún día sea igual al anterior. Puedes tener una sala llena de ruido, gente hablando por el móvil sobre su vida a tu espalda, que tu micrófono no funcione, interpretar al lado de un vídeo en el que ladran unos perros, estar en plena calle Gran Vía, tener una manifestación pasando por delante, todo es posible. Pero, y si además el ponente canta durante la presentación, entonces ¿qué hacemos? Ayer, el artista decidió que para explicar su obra lo mejor que podía hacer era mezclar palabras con canciones. La idea es buena y la interpretación un poco más complicada pero creo que el resultado fue digno. El único problema fue que, cuando se metió en situación, empezó a explicar una canción, luego cantó y a continuación explicó cómo la modificó y la volvió a cantar, tras lo que contó porqué la cambió. Todo esto fueron más de 10 minutos, menos mal que me centré tranquilamente en tomar notas, prestar atención y mantener las cosas claras en la cabeza. Aproveché las canciones para revisar lo que tenía anotado y construir el discurso. Así cuando me tocó el turno pude interpretarlo todo y hasta el artista me dio el visto bueno. (pronto colgarán el vídeo)

Para animar un poco la entrada he incluido algunas de las fotos de la exposición que podéis ver en Madrid en la sala Alcalá 31 estas navidades. (La última es la foto de un trozo de Blu-Tack que se encuentra en el aseo de señoras y señoritas y que también forma parte de la exposición, aunque me apuesto algo a que alguien acabará pensando que hay oficinistas muy descuidadas)


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