martes, 1 de noviembre de 2011

Mi amor por la consecutiva no conoce fronteras

Ya ha empezado el nuevo curso y tengo dos grupos de alumnos entrenando la memoria. Por supuesto, durante estos primeros meses la mayoría me suele decir al terminar la clase que prefieren los ejercicios de simultánea. Bueno, este año quizás me lleve una sorpresa, pero por el momento, todos los grupos que he tenido me dicen lo mismo. Me cuesta entenderlo porque la consecutiva fue, es y será siempre mi parte favorita de la interpretación.

Estoy dando por supuesto que todo el mundo conoce las diferencias entre consecutiva y simultánea, dejaré aquí un par de enlaces para aquellos que tengan dudas y así seguir poder adelante con la entrada: la explicación de la APETI y la definición de consecutiva de la AIIC en España (me encanta la foto del pobre intérprete en cuclillas entre los mandatarios cómodamente sentados)

Lo único que me falta en la consecutiva es la figura del compañero, porque generalmente a los trabajos de consecutiva vas solo, salvo si hay otro intérprete de una combinación de idiomas diferente a la tuya, pero no es habitual hacer consecutivas de varios idiomas a la vez porque es demasiado complicado, se pierde mucho tiempo y el resultado al final dista mucho de ser perfecto.
Aparte de esa carencia, que en algunos proyectos se nota más que en otros, la consecutiva nos da una serie de cosas que enriquecen mucho la experiencia laboral. Al inicio del curso a algunos de mis alumnos les da respeto lo de hablar ante un público que te observa directamente, es decir, sin cabina de por medio. A mi eso me da igual, desde pequeña me han enseñado a hablar en público y en parte me molesta más estar en cabina y que la gente me mire descaradamente o se ponga a dar toquecitos al cristal (me siento como la langosta de una marisquería). Hay que perderle el miedo a interpretar sin ese cristal que nos "proteja" del evento. Encerrados en la cabina nos perdemos muchas de las cosas que pasan en sala. La interacción con los ponentes es mucho más fácil y en ocasiones cercana cuando trabajas a su lado con el micrófono en la mano. Además, al estar en el estrado puedes resolver dudas con una mirada al ponente o incluso (si realmente lo necesitas) preguntarle cosas o pedirle que te repita un dato o cifra.
Pero aparte de todo eso, al estar en sala puedes interactuar con el público antes, durante y después de la interpretación. Eso es algo que la cabina limita mucho. Cuando trabajo en las exposiciones puedo hablar con los periodistas, los comisarios, con casi todo el mundo y es una de las mejores partes del trabajo.

La consecutiva debería recibir más afecto. No voy ni siquiera a entrar en la eterna lucha sobre si con la consecutiva logramos un resultado mucho más preciso, ni a debatir el hecho de que lógicamente la consecutiva requiere calcular el doble de tiempo para cada intervención. No, lo que voy a contaros es la faceta que más me gusta de la consecutiva, la que me permite conocer a gente interesante en mi trabajo.
Ya sabéis que en junio trabajé como intérprete para el festival de Photoespaña, que es uno de los proyectos que más me gusta y tuve la enorme suerte de coincidir de nuevo con un periodista estadounidense que ya había asistido el año anterior. Os dejo el enlace del artículo que publicó sobre el festival (www.popphoto.com).
Pues como no tenía cabina, entre exposición y exposición pudimos hablar y me comentó que su mujer trabaja para un museo en Nueva York, la Frick Collection. Cuando viajé a la Gran Manzana dos meses después, su mujer nos regaló entradas y ha sido uno de los mayores placeres de todo el viaje, ese museo tiene una de las mejores audioguías que he escuchado. Cuenta la historia de la sala, de las pinturas, los artistas, los cuadros, la época, la historia del coleccionista y el motivo por el que se compró cada pieza, salpicándolo todo de anécdotas y cuentos, como la historia de Ludovico que se enamoró y tuvo que esperar hasta que a Cosimo de Medici se le pasara la perra de casar a su amada con otro (imagen propiedad de la Frick Collection). Existe incluso un artículo en The New York Times sobre este retrato, os dejo el enlace aquí: My friend Ludovico
La consecutiva me regaló la oportunidad de conocer esta colección y en ocasiones nos permite comunicarnos mejor con las otras partes del trabajo (ponentes y público). La comunicación con el cliente es un tema que quiero desarrollar pero esa ya es harina de otra entrada.

1 comentario:

Iván dijo...

Mi primer trabajo como intérprete profesional (curiosamente todavía estaba asistiendo al curso de intérprete, por lo que aún me temblaban un poco las rodillas) fue una consecutiva para una recepción a los representantes de dos ciudades (Nuneaton, del Reino Unido, y Roanne, de Francia)con los que otra ciudad (Guadalajara, de España) estaba hermanada.

Como mi combinación de idiomas es español - inglés, esta fue una de las raras ocasiones que mencionas en las que tuve un compañero en consecutiva (combinación español - francés). Nos entendimos bien y la cosa resultó bastante aceptable a pesar de mi bisoñez profesional.

Después de los discursos protocolarios, en las conversaciones informales entre los asistentes, éramos solo dos intérpretes para mucha gente, y se produjo una de esas anécdotas de esta profesión que se te quedan grabadas para siempre: dos señoras de Guadalajara, con los ojos brillantes de emoción por la inesperada posibilidad de comunicarse con los visitantes extranjeros, se me acercaron con una sonrisa en los labios y me dijeron:

- Oiga, tradúzcanos por favor, que queremos preguntarle unas cosas a este señor de Francia.

- Señora, es que yo soy el intérprete de inglés.

- ¡Bueno, pero eso no importa!

(No recuerdo si me comuniqué por señas o mediante señales de humo, pero estaban tan emocionadas que no pude dejar de intentar ayudarlas como fuese...).