jueves, 27 de octubre de 2011

Comer o no comer y dónde: esa sí que es la cuestión

Uno de los temas habituales cuando hablo con otros compañeros de profesión es el de la comidas. En la mayor parte de los proyectos no es que esto tenga mucho misterio. Si te contratan para media jornada, independientemente de si el evento termina a la una o las tres, lo que haces es esperar al final y luego te vas a casa a comer.
En las jornadas completas tienes dos opciones. La primera es generalmente la más cómoda (no por ella la más económica), que básicamente es aprovechar las dos horas (al final siempre es hora y media) del descanso y buscar un sitio que sirva comidas rápido y por buen precio. Además, como autónomo puedes pedir la factura de la comida (no el ticket, al parecer hay que pedir una factura) y así podrás desgravar el coste de esa comida. La segunda opción es más rentable en términos de gastos de comida pero francamente mucho menos recomendable. A menudo el cliente tiene la deferencia de contar con los intérpretes para la comida. Ya ha encargado al hotel o al restaurante que pongan dos o tres cubiertos más (a veces también incluyen al técnico de sonido). En un primer momento uno piensa que es un detalle y que bueno, a nadie le amarga un dulce. Pero hay que meditar esta opción. Vamos a ver los pros y los contras:

A favor de la segunda opción:
- Ahorras tiempo y dinero. No tienes que ir a buscar un restaurante, tampoco tienes que pagar la comida.
- Sabes cuánto tiempo te queda antes de que los ponentes estén listos para seguir. Si la comida se retrasa y los ponentes deciden tomarse las cosas con calma, tú estás a su lado y sabes perfectamente a qué hora van a retomar la conferencia.
- En ocasiones comes en sitios preciosos y cosas que están muy ricas.
- Es un detalle por parte del cliente y quizás se ofenda si no vamos a comer ahí.
- Algunas conferencias se celebran en lugares perdidos de la mano del señor. En esas zonas donde encontrar un Vips o un bar de bocatas es más o menos tan difícil como que te toque la lotería o que te llame George Clooney para salir a tomar algo.

En contra de la segunda opción:
- A veces la invitación tiene truco, porque en realidad lo que quieren es tener al intérprete en la mesa para poder conversar con uno de los ponentes extranjeros. Si ese es el caso, va a dar un poco lo mismo lo que nos sirvan porque no vamos a poder probar bocado. (Hablar con la boca llena está feo, imaginad interpretar mientras comes sopa o un buen filete).
- En otras ocasiones sí que es un invitación "sin truco" pero si te sientan en la mesa con el resto de los ponentes no puedes desconectar. Sigues trabajando aunque no interpretes. Si la jornada es larga esto puede ser algo negativo, porque el cerebro no descansa hasta que no llegas a casa. Parece una tontería pero es algo a tener en cuenta.

La tercera opción: el intérprete no come.
Mi compañero Iván siempre menciona la entrada de Bootheando sobre el tema de las comidas cuando hablamos de esto, os dejo aquí el enlace, es muy interesante y recomiendo su lectura: El intérprete y las comidas.

Yo suelo llevar un kit de supervivencia para todos los posibles casos a los que me pueda enfrentar. El kit incluye siempre algo de chocolate, caramelos, chicles, algo para picar (mini-croissants o barritas), cepillo de dientes, gel para limpiar las manos, agua y pañuelos de papel. De ese modo si veo que la cosa se complica, puedo aprovechar un descanso y comer algo antes de seguir trabajando.
Es verdad que si nos piden que trabajemos durante la comida, es decir, si nos lo solicitan directamente (y antes de la propia comida), lo normal es que no participemos en la mesa como comensales. Nos limitaremos a hacer nuestro trabajo y ya nos ocuparemos de comer antes o después.
El pasado fin de semana me pidieron trabajar durante la comida, ya sabía de antemano lo que debía hacer y en el descanso me compré un bocata de tortilla. Al iniciarse la comida yo coloqué mi silla tal y como manda el protocolo y luego el propio ponente me pidió que me pusiera con la silla justo detrás suyo. Os dejo un dibujo casero para que se vea mas claro.



El número 1 era uno de los organizadores que necesitaba interpretación, el número 2 era el ponente extranjero y el número 3 se defendía en inglés pero de vez en cuando planteaba dudas de vocabulario. La "I" lógicamente era servidora. 


La dinámica funcionó bien, aunque los camareros tuvieron que hacer malabarismos por mi culpa. Sin embargo, al ponente le incomodaba mucho que yo no comiera, tuve que asegurarle varias veces que ya había comido y finalmente, a petición suya, me sirvieron postre (delicioso). Lo mejor de todo, otro de los ponentes que se acercó entre plato y plato y me preguntó si estaba ahí esperando hablar con la estrella de la jornada. Le expliqué qué hacía yo ahí y aún así se marchó pensando que yo era una "stalker" un tanto vaga.


Y aparte de estas tres opciones, en los últimos meses me he enfrentado a nuevas variaciones de esta situación y por este motivo he decidido escribir esta entrada.

En un curso de interpretación la profesora dijo que los intérpretes siempre estamos delgados. Asumo que quería motivar a los alumnos, lo que no les explicó fue el motivo de esa "supuesta" delgadez. Las cosas como son, no todos estamos como Kate Moss, cada uno es un mundo. Pero si se extiende la cuarta opción de la que os voy a hablar es más que probable que esa frase empiece a ser una verdad.

La cuarta opción: el intérprete realmente no come.
Esto me ha pasado ya en algunas ocasiones este año. Se trata de interpretar en reuniones de negocios que se convocan a mediodía. No pasaría nada si dichas reuniones terminasen sobre las tres. Comes más tarde de lo habitual pero bueno, un día es un día. Sin embargo, me he enfrentado a casos en los que la interpretación arranca a las doce y termina sobre las cinco o seis de la tarde. Esto, sin descansos y sin comer. Comprendo que algunas de estas reuniones tienen como objetivo aprovechar el tiempo al máximo pero la calidad de la interpretación se resiente. No mantienes la misma concentración cuando tienes hambre (y te suenan las tripas).

Si tenéis anécdotas interesantes o variaciones de estas opciones, ya sabéis que la sección de comentarios y respuestas está pensada para que aportéis vuestras experiencias.


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