jueves, 14 de abril de 2011

Demasiado de algo bueno puede generar problemas

No veo mucho la televisión pero me encantan los anuncios, lo que es una suerte. Hace poco me llamó la atención un anuncio de coches (y no, no es el del mini-Darth Vader) en el que repiten que tenemos demasiada información y que ante tantas opciones nos perdemos. Es una idea a la que llevo meses dando vueltas.
Cuando empecé como traductora freelance no tenía ningún tipo de información, vivía en un desierto de ignorancia. Terminé el máster universitario sin saber siquiera qué era un traductor jurado o el aspecto que podía tener una cabina por dentro (o por fuera). Me dediqué a preguntar a la antigua usanza, es decir, dando la brasa a compañeros de clase y apuntándome a cursos para seguir dando la plasta a los pobres profesores. Pasaba horas buscando información en Internet, intentando comprender un poco mejor de qué iba esta profesión y qué se esperaba de mi. La primera vez que me enfrenté a un impago no sabía ni qué hacer ni qué opciones tenía a mi disposición. Ya no hablemos de la primera prueba de traducción, la primera negativa, etc, etc.

El motivo por el que escribo esta entrada es porque mañana doy una charla sobre la iniciación en el mundo freelance (así suena más interesante, casi como si se tratase del ritual de acceso a una sociedad secreta) y la realidad a la que se enfrentan los recién llegados no se parece ni por casualidad a la que me dio la bienvenida hace apenas una década.

Una de las novedades son los blogs de traductores e intérpretes. Hay blogs maravillosos, llenos de información, de consejos, de chistes, de mini cursos sobre las herramientas TA, qué te explican cómo empezar, facturar, echar a tu novio de tu "despacho" porque estás trabajando sin que te retire el saludo....
Vamos, que ya no hay misterios sin resolver ni ha quedado nada sin tratar. De hecho, ahora uno de los mayores retos a los que se enfrentan los traductores es encontrar un tema para escribir una entrada al menos cada mes que no resulte redundante....
Todos los blogs además incluyen la misma lista de blogs recomendados, yo estoy muy de acuerdo con esa lista, Bootheando, Mox, Algo más que traducir y la Localización de Curri son de lectura obligatoria.

Además de eso, tenemos las reuniones de traductores e intérpretes (powpows de Proz, conferencias, seminarios, jornadas, cursos especializados, etc.) que nos permiten aprender de los aciertos y errores de otros y sobre todo nos ofrecen la oportunidad de conocer a otros profesionales que comparten con nosotros gustos, problemas y a veces hasta consejos sobre cómo superar el dolor de espalda tras horas traduciendo o que nos comentan que para evitar problemas en las cabinas es mejor llevarte tus propios cascos y un poco de chocolate.

Todo esto está muy bien, pero es que entre los blogs, el Twitter, el grupo en LinkedIn, los grupos de Facebook y todas las ocasiones de networking al final lo que suelo sacar en claro es que la gente hace muchas cosas mientras yo solo me dedico a leer. Es imposible a veces no sentirse pequeño ante gente que cuenta experiencias flipantes casi a diario. Entrar en el "networking" ha sido, al menos en mi caso, un ejercicio de humildad que seguramente necesitaba. Recuerdo estar en una conferencia en la que muchos hablaban de herramientas tecnológicas que usaban a diario y era como estar en una convención de Star Trek. En un momento dado, el ponente preguntó a unos cuantos qué solían usar con más frecuencia y me entró pavor, porque si me tocaba tendría que ser sincera y responder que la calculadora y los cuadernos de notas. Fue entonces cuando me enfrenté a un dilema al que aún no le he encontrado solución: ¿Qué hacer ante estos gurús de la traducción? ¿Si es verdad todo lo que se publica, entonces debo asumir que no me he esforzado todo lo que debería en estos años? ¿De verdad tengo que tener 10 herramientas TA, un programa para las facturas, uno para las búsquedas, un iPad para cabina, un iPhone con cámara para sacar fotos de todo lo que veo y una aplicación para decir dónde he ido a comprar bombillas?

En parte, estar delante de la gente a la que le va bien en la traducción hace que te sientas chiquitito pero también te anima a superarte, a mejorar, a ver que quizás el modo en el que gestionas tu negocio no es malo pero podría ser mejor y a veces (solo a veces) a darte cuenta que no te has equivocado tanto ni tantas veces. Sin embargo, mucha información a veces abruma, acompleja o como poco agobia (las tres AAA del mal rollo).

Además, hay otro factor a tener en cuenta, algo que escuché en una conferencia y que no me llegué a creer pero he descubierto que es verdad. Si siempre estás en todo, pareces saber un poco de todo y formas parte del networking la gente asume que eres "guay", pero eso no siempre es positivo. Hace poco coincidí con una antigua compañera de estudios, me dijo que trabajaba en una agencia y empezó a contarme un proyecto de interpretación. Era interesante, parecía algo diferente a lo que suelo hacer (y un cambio ahora mismo me parece la mejor opción) y lo único que yo esperaba era el momento en el que me ofrecería participar. Pero la conversación pasó a otro tema saltándose esa parte. Opté por una tos sutil y le dije que si seguía buscando gente que yo estaría encantada. Me miró sorprendida y me dijo: "no te lo he ofrecido pensando que no lo querrías. Ya sabes, como ahora haces cosas más importantes..."
Soy intérprete así que toda interpretación es algo importante para mi y no suelo rechazar trabajo a menos que  tenga un problema de fechas que coinciden con trabajos que ya he aceptado antes. No soy Julia Roberts, no me puedo permitir hacer solo una interpretación al año por muy importante que sea. Además, me gusta interpretar y cuando llevo unos días sin pisar una cabina sufro graves ataques de mono (el famoso síndrome del "booth monkey" que están analizando ahora en alguna universidad remota).


¿Hay demasiada información ahí fuera / hay poca / la justa y necesaria?

1 comentario:

Paco dijo...

Hola Aída:

Como de traducción-interpretación sé más bien poco, voy a generalizar :)

Tener mucha información sobre algo no creo que sea malo, pero sí que puede costar más separar lo que realmente te puede interesar.
Donde hay mucha información lo esencial es que ésta esté bien organizada, y para ello sí que pueden venir bien webs, blogs que te orienten un poco. Los blogs, webs más populares no siempre tienen por qué ser los mejores, ya que en el mundillo este de Internet sucede lo mismo que fuera de él, el marketing o, saber venderse ayuda mucho.
De todas formas, como dices en tu post, todo ésto no es más que teoría, porque donde de verdad vas a aprender en con prácticas reales; como en todas las profesiones.

Bueno, he generalizado.

Un saludo