martes, 22 de febrero de 2011

La invisibilidad del intérprete (y del traductor)

Ayer tuve la suerte de poder escuchar a una intérprete que participó en el IV Seminario de Traducción Jurídica en Organizaciones Internacionales que se está celebrando estos días en la ciudad de Salamanca. Para los que sientan curiosidad, dejo aquí el link al sitio web desde donde transmiten en directo las conferencias: http://www.livestream.com/usaltrans (live stream) con un programa muy completo http://campus.usal.es/~radiouni/parrilla/programatraduccion.pdf (21-25 de febrero). Tengo que trabajar miércoles, jueves y viernes que si no me plantaba en el campus de Salamanca a escuchar el resto de ponencias.
La primera ponente ya se ha convertido en una de mis "gurus" personales, Christina Schäffner (Universidad de Aston, Birminghan). Habló sobre un tema que aunque a mi me parece cotidiano a muchos les sorprendió, sobre todo a los estudiantes de la carrera de traducción e interpretación y es que los intérpretes somos invisibles en prácticamente todos los sitios. Ella habló de las ruedas de prensa con presidentes y cargos diplomáticos. Yo trabajo en temas de menos repercusión política pero lo que contaba me resultaba muy familiar. Por ejemplo, hablaba de las fotos oficiales entre políticos y diplomáticos, donde lo habitual es que solo salgan las personas "relevantes", por ejemplo:

Aquí no vemos a los intérpretes que están trabajando pero su presencia se nota en un detalle, el auricular de Bush. No es que esté siguiendo los resultados de la Super Bowl, es que necesita a su intérprete para saber qué dice con tanta vehemencia Nicolas Sarkozy en francés.  Busqué fotos de este tipo de ruedas de prensa en la que sí se viera a los intérpretes y hay pocas, pero encontré una que me parece interesante porque los intérpretes están en su cabina mientras la acción se desarrolla delante de ellos. La foto demuestra como son casi figuras fantasmagóricas detrás del cristal de la cabina y vemos las espaldas de los cámaras de la televisión reflejadas en el cristal:


Otros ejemplos de intérpretes invisibles que están realizando su trabajo (lo que se percibe por un gesto fácil de reconocer):
Como se puede ver el gesto es el mismo, da igual si son políticos, diplomáticos o actores de cine con carácter, tenemos a personas de todas las nacionalidades que se llevan la mano a la oreja para no perder detalle de lo que les dice el intérprete. Es el gesto de la comunicación, por decirlo así. Es la manera de saber qué hay un intérprete presente (y oculto) en algún punto de la sala.

 El caso de Bill Gates es un poco más llamativo pero es que el equipamiento de las Naciones Unidas es todo menos discreto. A mi siempre me ha hecho bastante gracia porque no los he probado pero esos auriculares-equipos de sonido portátiles casi ochenteros, no tienen pinta de ser muy cómodos.




 El hecho es que en la conferencia se hablaba de la invisibilidad del intérprete y como es un tema que me interesa me encantó todo lo que dijo la profesora Schäffner. Ya he comentado en otra entrada que en clase es muy habitual que te enseñen que un intérprete ha hecho bien su trabajo si es invisible, es decir, si nadie se percata de que hay un intérprete. Parece absurdo, porque en el fondo el intérprete es una presencia más, sin su trabajo la comunicación se dificulta y en determinadas combinaciones de idiomas desaparece. Sé que lo que quieren decirnos con esto, es que si hemos hecho bien el trabajo la gente se comunicará y no podrá quejarse de los fallos de "traducción". Porque eso es verdad, he estado haciendo una búsqueda desde ayer de artículos en los que aparezcan mencionados los intérpretes (encontré más buscando por "traductor") y solo hablan de nosotros si hemos cometido errores. Somos invisibles hasta que metemos la pata.
La profesora Schäffner puso el ejemplo de una entrevista que hizo Larry King a Putin, cada uno sentado en su país, se utilizaron dos opciones, la grabación de la traducción y la subtitulación (ojo que no he dicho interpretación porque no me quedó claro que fuera en efecto una interpretación y no una lectura de la traducción escrita de la transcripción del ruso).  En el blog del programa de Larry King la gente comentó la traducción, quejándose si había fallos y ofreciendo alternativas a determinadas traducciones de términos. La gente cada vez pide más calidad y sin embargo nuestras condiciones de trabajo solo se complican sin que realmente nos reconozcan un poco. Otro de los ponentes, que trabaja para al ONU en Ginebra mencionó el tema de la velocidad y como en los últimos diez años se ha incrementado hasta llegar a límites que rozan lo ridículo. Contó que en las sesiones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH) cada país tiene asignados entre 2-3 minutos para hacer preguntas y recomendaciones y como la gente llega con al menos 5-10 minutos de texto preparados y lo dice todo en esos 2-3 minutos aunque tenga que hablar tan deprisa que resulte casi imposible entender el discurso en su propio idioma (sin mostrar misericordia por su intérprete). Esto nos ha pasado a casi todos en las cabinas, son los ponentes "metralleta" que nos torturan sistemáticamente.
 No pido fama y fortuna, pero sí un reconocimiento de la profesión. Creo que dado el nivel que se pide, lo mínimo es que sepan reconocer a un profesional, qué somos y cuáles son las diferencias entre un traductor y un intérprete. Mi tesis se vio reforzada en el turno de preguntas y respuestas, después de una mañana dedicada a hablar sobre la interpretación cuando un alumno levantó la mano y preguntó tranquilamente si alguno de los ponentes le podía explicar la diferencia entre traducción e interpretación. Claro reflejo de lo que pasa. Me explicaron luego que no era un alumno de la facultad, pero aún así, si había asistido era porque le interesaba la traducción.

La jornada siguió con más ejemplos de ruedas de prensa con presidentes, con detalles muy curiosos sobre las transcripciones que se hacen de las interpretaciones y que luego se resumen dependiendo de la cultura de la lengua a la que se traduzcan para colgarlas en los sitios web oficiales de cada país.

Otro de los detalles que comentó la profesora y que me encantó es que no solo los intérpretes son invisibles, porque, en el fondo, los traductores lo tienen peor. Son mucho menos visibles porque generalmente trabajan desde casa y si no son traductores literarios, su nombre no aparece en ninguna parte (más allá de la factura). De ahí pasó a hablar de la traducción literaria, que sería la opción de reconocimiento de un traductor y ni por esas. ¿Cuántos de nosotros recordamos el nombre de los traductores de los libros que hemos leído? Yo me acuerdo del nombre de los autores, sé que me encanta Thomas Hardy y que hasta hace poco encontrar traducciones de sus libros era una odisea pero no tengo ni idea de quién los ha traducido. Curiosamente sí hay algunos traductores conocidos, como Gemma Rovira, la traductora al castellano de la mayoría de los libros de Harry Potter. La profesora comentó un dato que me pareció interesante: ¿cuántas críticas de libros se publican al mes o al año? ¿Cuántas veces habéis leído en una de esas críticas lo bien que se ha traducido el libro? Si el libro en cuestión estuviera lleno de errores de traducción los blogs se llenarían de quejas pero si el trabajo se ha hecho bien o muy bien apenas se comenta.


Los intérpretes y traductores también necesitan un poco de cariño.

4 comentarios:

Paco dijo...

Mientras leía el post me venían a la cabeza los árbitros de fútbol, o de cualquier otro deporte. De los que sólo se habla cuando cometen un error. Y aquí creo que estáis mucho mejor vistos que ellos.

Un saludo

Aida dijo...

Eso sí, desde luego. Nadie menta a nuestras madres pero me ha pasado alguna vez en reuniones tensas de negociación que si una parte no consigue lo que quiere decide que la culpa es nuestra.

Paco dijo...

Lo que te quería decir es que sucede en muchas profesiones, sólamente se acuerdan de ti si te equivocas, y si lo haces bien, da igual cuánto te hayas esforzado por hacerlo, que sólo se tiene en cuenta que has hecho tu trabajo, que es para lo que se te paga. Y en ocasiones, hasta te llegan a discutir lo que cobras.

Aida dijo...

Tienes toda la razón.