viernes, 26 de noviembre de 2010

¿Quién se queda con el micrófono? o la relación entre ponente e intérprete

Cuando empecé a estudiar para ser intérprete recuerdo que me preocupaban los acentos de los ponentes, los términos técnicos, la complejidad de los temas a tratar. Nunca me paré a pensar en el ponente en sí. En teoría y tal y como exponen libros, cursos para ser ponente y algunos profesionales, el ponente y el intérprete deberían trabajar como un equipo, casi podría decirse que nuestra relación debería ser como la de las integrantes de un equipo de natación sincronizada. Nosotros confiamos en el ponente y él o ella no duda ni por un instante de nuestra capacidad para transmitir su mensaje en otro idioma.

En ocasiones es así. Como buen intérprete llegas antes de la conferencia, realizas la prueba de sonido con el técnico en la cabina y luego, cuaderno en mano, vas a la caza y captura de ponentes para que te cuenten cosas y así identifiques su acento, faciliten ponencias en Power Point o te aclaren dudas concretas. Algunos ponentes son encantadores, te ayudan, explican cosas, te preguntan cómo te llamas y acuerdan contigo señales para que les indiques si van muy deprisa (esto suele pasar más en consecutiva). He tenido ponentes con los que he podido hablar semanas antes por correo electrónico y en un caso, los ponentes de una conferencia internacional se pusieron en contacto con todos los intérpretes un mes antes a través de Internet en una sesión online de lo más productiva. 

Este es el modo de trabajar con un intérprete, facilitándole la información que va a necesitar para que así pueda desempeñar su trabajo y transmitir el mensaje que el ponente desea. 
Ahora bien, la realidad en ocasiones (no siempre) no es tan de color de rosa. Sé que hay gente que opinará que soy muy tajante en mi crítica pero los peores ponentes que he tenido por el momento han sido todos españoles y puedo explicar en qué baso mi comentario. En primer lugar, muchos no estaban acostumbrados a hablar en público por lo que su ponencia es en realidad la lectura (a toda velocidad) de un documento escrito que realmente no estaba pensado para ser usado en un discurso ante un público. Algunos de estos documentos sufren de un terrible ataque de "amor por las citas" o hipercultismo que suele acarrear problemas serios para el intérprete. Por mucho que lea un intérprete nunca estará del todo preparado para esos discursos en los que el ponente estima oportuno incluir media docena de citas de Esquilo y Sócrates en su ponencia sobre las medidas contra el cambio climático. Otra opción menos habitual es la del ponente que dado que no tenía una copia de las obras de Esquilo a mano en casa, se dedica a contar chistes o a saludar a los amigos que tiene en la sala y contar anécdotas que solo entienden ellos.

Dado que los ponentes de este tipo no suelen hablar en público con frecuencia, se sienten incómodos haciéndolo y tienden a hablar muy rápido (para que la cosa termine pronto) y vocalizar lo menos posible. 
Por otra parte, muchos ponentes no saben muy bien qué hacer con el intérprete (al que siguen llamando traductor incluso después de que el susodicho les explique siete veces que no son traductores de cabina) y la idea de enviarle las ponencias con un par de días de anterioridad les resulta extraña y en ocasiones inviable. Otros tienen miedo de que vendas a los espías rusos los datos de sus empresas y se niegan a entregarte nada. En esas ocasiones yo suelo proponer la opción de firmar un documento para garantizar la privacidad de sus datos (cosa que por  lo general se da por supuesta, un intérprete no puede ir contando todo lo que oye en las cabinas). 

Ahora bien, pasando ya a los casos extremos, esta semana me he enfrentado a dos de los ponentes más complicados con los que he tenido que luchar últimamente. Estos ponentes no colaboraron con nosotras, de hecho, daba la impresión de que nos consideraban sus enemigas en lugar de las personas que iban a ayudarles a transmitir información. Uno de ellos sufría una especie de fobia al micrófono. Era un micrófono de mano pero realmente no lo usaba como tal, puesto que en ningún momento lo dejó quieto o cerca de la boca. Gesticulaba mucho al hablar y el pobre micrófono no paraba de moverse, subiendo y bajando. El técnico de sonido, preocupado por esto, subió el volumen al máximo con lo que podíamos oír a la perfección el ruido que generaba el micrófono al volar en el aire en todas las direcciones. Basta decir que era molesto a más no poder y resultaba muy difícil entender lo que decía y concentrarse en la ponencia.

Después de este señor tan inquieto nos tocó uno que hizo que se me helase la sangre con su primera frase y cito textualmente: "Los traductores suelen decirme que hablo muy rápido, que les mato. A ver cuánto tardo en matar a estas dos chicas que me han puesto hoy"
No hay nada peor en este mundo que un ponente que arranca su discurso comentando que con anterioridad algún compañero le ha avisado de que habla demasiado deprisa, porque sabes que a pesar de ese aviso, el ponente va a seguir hablando igual de rápido o incluso más sin importarle un pepino si el intérprete sufre convulsiones en la cabina. No es por quejarme, pero buen hombre, si se lo han dicho es por algo, no por criticar, sino para que la próxima vez todo salga mejor.
Fue peor de lo que parecía, de hecho, ocasionalmente, algunos de los presentes en la sala echaban un vistazo en nuestra dirección para ver si seguíamos respirando y al terminar nos aplaudieron a nosotras y no a él.

Es una anécdota que parece divertida pero la verdad es que nuestro trabajo tendría mucha más calidad si los ponentes comprendiesen que estamos ahí para ayudarles, para que su mensaje llegue bien y de forma precisa. Echarnos un cable (enviando documentación y hablando a velocidades normales) les beneficia a ellos tanto o más que a nosotros. Claro que si lo hicieran, nos quedaríamos sin estas historias que contarnos pero ahora mismo, después de la jornada de esta semana, voto a favor de no tener historias que contar.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

La ponencia misteriosa

Antes pensaba que era cosa mía, que quizás no sabía pedir las cosas de forma suficientemente clara o correcta, pero con el tiempo he visto que el tema de la documentación previa a una ponencia o conferencia es uno de esos misterios que podrían dar lugar como mínimo a una saga nórdica con heroínas tatuadas y hombres bajitos buscando anillos.
Recuerdo esos viejos tiempos en los que el mayor problema que teníamos era que no contábamos con todas las ponencias, ahora eso ya no es nada. He visto una tendencia creciente y preocupante en el mercado de la interpretación en Madrid (no sé si sucederá también en otras ciudades), se trata de agencias o intermediarios que se ponen en contacto con el intérprete con menos de 24 horas de antelación y le piden que además de prepararse una conferencia de jornada completa sin material se encargue de buscarse un compañero de cabina. No es la primera vez que un intérprete me llama a las seis de la tarde con angustia porque no encuentra a nadie libre o lo suficientemente kamikaze como para aventurarse en una cabina sin material y sin tiempo casi de asimilarlo.
Mañana me voy a la aventura, más que nada por hacerle un favor a una amiga y porque tenía la mañana libre (otro mes sin poder ir a la peluquería, voy a parecer el tío cosa de la Familia Addams en cuestión de un par de meses).

Es una locura pero en este trabajo siempre hay que contar con el "factor sorpresa". Tengo la sensación de que mañana va a ser un día interesante, sea cual sea el tema a tratar.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Manual de supervivencia para conferencias con 400 asistentes

Otra semana interesante y mi maleta empieza a tener ciertas similitudes con el baúl de la Piquer. A la pobre la tengo llena de pegatinas, cada vez que nos vamos de excursión le pego una más y ya no se ve el color original que le asignó el fabricante.
Esta vez el destino era Aranda de Duero, para trabajar en cabina en las Jornadas Técnicas de Vacuno Lechero. Lo primero en lo que uno piensa es en lo difícil que puede resultar interpretar sobre temas técnicos en este campo, pero en realidad lo que todo el mundo me recomendaba no era buscar glosarios, más bien se centraron en que llevase ropa de abrigo, que en Aranda hace frío. Las cosas como son, no era para tanto, soy de Salamanca. Pero el tema técnico sí que me dejó helada en varias ponencias.
El cliente no nos necesitaba hasta que empezasen las ponencias de la tarde, de modo que mi audaz compañero de cabina y yo nos embarcamos en el viaje a mediodía, lo que supuso que tuviéramos que buscar un restaurante de buen gusto de camino para ir con las pilas puestas a la conferencia. Tras pasar delante de varios locales de buen ver cometimos el error de confiarnos, seguros de que el siguiente restaurante sería aún mejor y acabamos en un motel de carretera con casitas y árboles invernales, más propio de la familia Bates.
Tras comer algo llegamos a Aranda (porque comimos a menos de 20 minutos en coche de Aranda, ya nos vale) y nos encontramos con la siguiente sorpresa: el hotel. 
Tuvimos la suerte de conseguir habitación en el hotel más céntrico y cercano a la sala de conferencias pero no nos esperábamos que el Hotel Julia fuera además una especie de museo-mausoleo-anticuario en el que cada esquina y pasillo es un espectáculo visual único. Nuestro pasillo estaba lleno de angelitos luminosos que descolocaban a Iván pero eso no era lo más llamativo.

Por la noche, cuando regresamos de la cabina, nos dedicamos a ir piso por piso, para ver toda la decoración y nos encontramos con media docena de retratos y fotos de una mujer (doña Julia, según Iván), una antigua centralita de teléfonos que debería estar en un museo y un traje de novia encerrado en una caja de cristal (que de noche da más miedo que la chica de la curva)


 La sala de conferencias en la que se celebraron las jornadas es un auditorio enorme, completamente nuevo y con unas cabinas que acaban de entrar en el top 10 de cabinas. El técnico de sonido y yo lo comentamos, la amplitud era espectacular, con una mesa larga y ancha en condiciones, enchufes varios y un cristal desde el que podíamos ver toda la sala.


 Además de eso el sonido era inmejorable, teníamos dos técnicos a nuestro lado, uno encargándose de la interpretación pura y dura y el otro de los aspectos técnicos de la sala. Nos apagaron las luces y empezó la función. Las ponencias del primer día fueron difíciles por la velocidad de algunos de los "ponentes". Lo pongo entre comillas porque muchos de los que participaron en la mesa redonda eran expertos en su tema o bien, ganaderos y productores de leche pero no ponentes profesionales (como es lógico). Esto siempre representa un problema, porque los españoles tendemos a hablar muy deprisa, más aún cuando no nos sentimos cómodos y algunos de los "ponentes" tenían muy pocas ganas de hablar en público. Sin embargo, el premio metralleta de esta conferencia (el premio a la persona que hablaba tan deprisa que casi se ahoga y se le olvida respirar entre palabra y palabra) fue para la representante del ministerio. Nunca había visto a nadie hablar tan deprisa, parecía que se iba a quedar sin aire, pero cuando ya estaba morada, aspiraba una bocanada de aire y seguía adelante sin freno. Esa parte le tocó a mi compañero y aproveché para ir a explorar el entorno (básicamente descubrir dónde estaba el servicio). El técnico de sonido estaba escribiendo en su blog y me aseguró que tenía que contar el sorprendente milagro de esta mujer que era capaz de hablar sin hacer un segundo de pausa, tal era su velocidad.


Al salir descubrí un nuevo mundo, el catering elevado a la máxima potencia. La empresa organizadora no había reparado en gastos (de catering) y ante mí había un oceano de mesas con bandejas llenas de mantecados, zumos, batidos, croissants y como unas diez máquinas de café (la foto solo muestra una parte). Fue entonces cuando fui consciente por primera vez esa tarde del número apabullante de asistentes, más de 400 personas sentadas en la sala, con sus cascos y sus portátiles, muchos de ellos seguramente aprovecharían para comentar las jornadas en Twitter o en Facebook y me quedé de piedra.

Después de lo vivido en la conferencia de Barcelona una semana antes, no lograba quitarme de la cabeza que ahora la gente podía comentar hasta las interpretaciones en las redes sociales. No he encontrado nada pero abre una puerta nueva al concepto de feedback inmediato.

De la primera jornada no tengo mucho más que destacar, el ponente holandés fue encantador, subió a cabina a desearnos suerte y nos dio las gracias al terminar. De hecho al día siguiente, cuando en cabina nos encontramos con nuevas dificultades, fue lo suficientemente amable como para decirnos que todo estaba saliendo bien, que no nos preocupásemos. En realidad, las dificultades del segundo día no tuvieron nada que ver con él, con el vestido fantasmal de doña Julia o con el interrogatorio más propio del FBI que nos hizo la dueña de una pastelería antes para averiguar si "compañero de cabina" significa algo más en estos tiempos modernos en los que los jóvenes llaman a las cosas por nombres muy rebuscados.
Lo que nos pasó es que apenas nos habían enviado algunas de las ponencias, pero ninguna de las de la mañana, que, precisamente, eran las más técnicas (veterinario-fitosanitarias). Por suerte, parte del vocabulario me sonaba porque mi padre tiene ganado vacuno (soy de Salamanca) y por traducciones anteriores, pero fue una lucha en algunas partes tener que buscar en los glosarios, en la memoria, sin perder el ritmo acelerado de la ponente y logrando que la información fluyese de forma clara y precisa. Son estos retos los que hacen interesante el trabajo, aunque en el momento a veces tengas ganas de apagar el micrófono y salir corriendo.
Después de esa primera parte complicada, el resto de las ponencias fue casi un paseo, además presentaron la situación de la agricultura en diferentes países y hubo un granjero francés que además de mostrar su explotación dejó caer que le va bien y está soltero (ya que te pagas el viaje a España, hay que aprovechar la ocasión).

En la última pausa del café la gente se dio cuenta que ya no iban a poder disfrutar de las viandas de Aranda gratis después de las últimas ponencias y la zona del catering se inundó de personas. Llegar al baño era peor que hacer lo propio en un bar un sábado en el centro de Madrid. Así que abandoné la idea y el técnico de sonido me mostró las gateras y toda la zona reservada a los tramoyistas, porque esa sala se utiliza también para conciertos y representaciones teatrales. Muy interesante poder curiosearlo.

Conclusión: si tienes 400 personas pendientes de tus palabras lo ideal es no comer demasiados mantecados, tener a un compañero en cabina en el que confías plenamente y un buen glosario a mano para infundirte ánimos. Si además estás en Aranda, recomiendo sin duda ese hotel y llevar una mantita a la cabina.

Barcelona con "C" de conferencias y "V" de venderse

Tal y como ya comenté hace unos meses, este otoño he asistido a la tercera conferencia de ProZ en Barcelona, que se ha celebrado en el hotel  Catalonia Duques de Bergara, enfrente de la Plaza Cataluña, un sitio inmejorable para poder ver un poco de la ciudad en los descansos de la comida y además el hotel era precioso.


Hace ya seís años, cuando yo vivía en Barcelona y tenía que hacer todas las paradas de una de las líneas de tram para ir a Sant Joan Despí a trabajar como traductora de una agencia especializada en temas técnicos, nunca imaginé que regresaría a la ciudad condal para asistir a conferencias invitada por uno de los centros para los que trabajo y con la palabra intérprete escrita en la etiqueta identificativa que he llevado al cuello durante todo el fin de semana. En aquel entonces lo único que quería era la oportunidad para poner en práctica lo que había aprendido en clase pero en la agencia no se terminaban de fiar y la respuesta era siempre que me quedase donde estaba, que la traducción de manuales se me daba bien y no era necesario experimentar, que las cabinas las carga el diablo. Seis años más tarde y muchas cabinas después, solo puedo alegrarme del día que compré el billete de tren de vuelta a Madrid sin un duro y con muchas bolsas llenas de diccionarios para iniciar la aventura de la interpretación.



Bien, una vez terminado mi momento "Do you remember this?", pasemos al tema de esta entrada que es la conferencia de ProZ. El tema en esta ocasión era: "Aspectos prácticos de la traducción" y creo que sí se tocaron. Xosé Castro centró su ponencia en la necesidad de venderse y reforzar la profesionalización de la profesión (aunque suene a galimatías, en el fondo es eso).
Otra parte de la conferencia se centró en los programas gratuitos de software de código abierto, los FOSS, que puede ser muy útiles a los traductores. Esta parte de la conferencia me resultó muy interesante, fue como volver al primer día de universidad, ahí sentada en el sótano de la facultad de filología en la Complutense (cuando el techo de la C1 aún se estaba cayendo a trozos sobre los estudiantes) y darme cuenta de que todo el mundo había leído ya unos veinte libros más que yo. No he aprovechado todo lo que debería las herramientas de software, si es que hasta hace dos semanas seguía contando las palabras de los .pdf a dedo y ojo (una pérdida de tiempo imperdonable). En parte se debe a esta idea errónea de que todo el software útil es caro y poco "user-friendly". En los tweets que se escribieron en la sala durante las conferencias, uno de los asistentes se llevaba las manos a la cabeza al ver que la gran mayoría de traductores allí reunidos no usaban herramientas de traducción asistida, ni nada más allá de Internet y el teclado. Yo creo que sé el motivo, insisto, a mi en la universidad me enseñaron a hacer búsquedas terminológicas con pantallazos (slides) y apuntes de papel, las clases de Trados que he pagado me han costado un ojo de la cara y encima sigo teniendo cuadernos llenos de dudas, tengo la sensación de que todo el software que puede ser útil en mi trabajo me va a suponer una inversión económica importante (por lo tanto, he de pensar mucho si realmente es necesario) y que además perderé tiempo en aprender a usarlo. Al final siempre que pienso en software llego a la conclusión: lo compro y aprendo a usarlo en cuanto tenga un poco de tiempo libre. Pero el tiempo libre es difícil de atrapar y cuando lo consigues sueles optar por pasarlo con las amigas o en uno de esos aviones tan bonitos que tiene Iberia para ir a descubrir mundo.

Otro de los puntos fuertes de la conferencia fueron las redes sociales, las de tipo más lúdico, como Facebook y las más profesionales, LinkedIn. Fue interesante que uno de los ponentes, Sergio Alasia de Qabiria, recordarse que LinkedIn no es Facebook para adultos, porque hay gente que piensa que sí. Sin embargo, para mi fue la primera conferencia a la que acudo en persona y a la que además asistí desde Twitter. Antes tenía una cuenta que no usaba nunca y terminé por borrar, hace poco decidí darle una segunda oportunidad al pajarito y me ha encantado poder disfrutar de la "inside information" y los comentarios de los asistentes. Porque a veces lo más interesante de estas reuniones es poder conocer todos los puntos de vista, no todos opinamos lo mismo, es respetable, pero también enriquecedor, te obliga a salir de tu burbuja y ver el mundo a través de otros ojos.

En resumen, lo mejor de la conferencia: la lista de sitios interesantes a bucear en Internet, la lista de herramientas a poner a prueba "en cuanto tenga tiempo" (estas navidades a comer el pavo con el netbook en las rodillas), el cocktail y los desayunos (soy yo, tengo que mencionar la comida en mi blog)
y la ponencia sobre fiscalidad, obligaciones y derechos del traductor autónomo, ese gran perjudicado. Esa conferencia habría resultado demoledora si no hubiera tenido los comentarios de los demás en el twitter. Grande el ejemplo de una traductora quemada al oír todo lo que debemos hacer para poder intentar cobrar la baja por accidente o enfermedad. Ella proponía el caso de una traductora que tiene que quedarse hasta las dos de la madrugada trabajando en un texto pero, claro, el sueño la vence y cae sobre el teclado, cayéndose de la silla y rompiéndose el codo en el proceso. La pregunta era: ¿se considera eso accidente laboral? La respuesta: No.


Conclusión: hay que aprovechar más los recursos informáticos, Internet, las redes sociales, hay que ducharse para no asustar a los vecinos y al de Telepizza (dicit Xosé Castro), es necesario ser profesional, ahorrar para las vacas flacas, pagar religiosamente a hacienda y colocar almohadones blanditos alrededor de la silla por si las moscas. (Si eres chica lo de quedarte embarazada ya es otro cantar)


Comentarios post-conferencia: me ha encantado conocer gente tan interesante de este sector, pero me da pena que la interpretación no haya recibido ni un solo minuto, ha sido la hermana pobre e ignorada y me encantaría ver más ponencias sobre interpretación en el circuito internacional.

¡Qué se haga la voz!


Después de hablar tanto sobre Christopher Makos en mis últimas entradas del blog he pensado que no estaría mal hacer una ronda de presentaciones, el enlace que incluyo en esta entrada nos lleva a ver el vídeo en Youtube de una de las entrevistas que le hicieron durante esa jornada llena de micrófonos y grabadoras, he elegido esta porque se ha utilizado la interpretación y así además puedo presentar mi voz.
El vídeo ha sido editado de tal manera que se pueden oír las dos voces casi a la par, pero no fue una interpretación simultánea, se hizo en consecutiva pero ellos han preferido ahorrar tiempo (al fin y al cabo es vídeo y en televisión el tiempo es oro y en Youtube los minutos son sagrados)
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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una jornada de trabajo fuera de lo habitual

Hoy ha sido un día de trabajo muy positivo en todos los sentidos, estoy agotada pero satisfecha por el trabajo bien hecho y sencillamente porque cuando te toca interpretar a una persona a la que todo le gusta y emociona da auténtico placer trabajar.

El fotógrafo Christopher Makos es ante todo una persona amable, peculiar pero no en un sentido agobiante, considerado y divertido, muy divertido. Ha soportado con mucho sentido del humor que le preguntasen una y otra vez por su amistad con Andy Warhol (cosa que debía esperarse y que, por otra, parte era lo más lógico), es verdad que el libro que presentaba y firmaba se titula Lady Warhol y el genio del Pop Art tenía que aparecer continuamente en las entrevistas pero ha sabido darle un giro especial a cada una. Si bien, algunos temas se repetían (algo muy normal) tengo la impresión de que cada periodista se ha marchado con una pieza de un puzzle total de información que únicamente hemos compartido el señor Makos y yo durante toda la jornada. Él ha sido consciente de esto y quizás por eso ha terminado la última entrevista con un comentario al respecto que me ha encantado. No han sido mis 15 minutos de gloria (lo prometo) no se menciona mi nombre ni se ha grabado mi rostro pero ha sido un guiño a mi profesión (la eterna voz en el fondo) y también a las horas de trabajo que hemos vivido hoy.
Después de verme tomar notas todo el día, le comenta al periodista que el libro nace de una conversación pero también que todo la sesión es en sí una conversación entre artista y modelo. Entramos ahí en el mundo de la percepción, no solo de la identidad sino de las propias relaciones entre personas. Entonces comentó que cada espectador entiende algo diferente, aporta su punto de vista, que eso sería como si yo tomase todas mis notas, dado que había escrito todo y era la única persona con el guión completo de sus pensamientos y lo volcase todo en Facebook. Lógicamente cada persona entendería esas ideas de un modo diferente pero además las recibirían ya alteradas por mi propia percepción. He prometido no hacerlo y no lo haré pero es casi como si tuviera la clave de todas las entrevistas en un pequeño cuaderno de notas y estoy empezando a pensar que voy a conservarlo.

He leído ya dos de los artículos que han publicado los periodistas de las sesiones de hoy y efectivamente, esa sensación de que cada entrevista ha tenido puntos comunes y datos diferentes se refuerza. Todos comentan su aspecto físico, es decir, su indumentaria y no es para menos. Su traje no era de esos que no pasan desapercibidos pero él lo había elegido precisamente por eso. Afirma que se viste en ocasiones de modo poco "tradicional" porque eso hace feliz a la gente. Paul Solberg, la otra mitad de los Hilton Brothers, apareció horas después con un traje idéntico y cuando me marchaba en busca del bus les vi pasear por la calle y la gente les miraba y sonreía. Quizás tenga razón, él desde luego es un optimista nato, que se niega a vivir en el pasado y disfruta del presente al máximo.

Le apasionan las nuevas tecnologías en todos los sentidos, es un apasionado de lo digital, los e-readers, el iPad y el iPhone (hemos tenido que buscar un cargador que espero haya regresado a manos de su dueña), pero también se mantiene completamente al día de la política en Estados Unidos y de la actualidad en el mundo complejo de las "celebrities". Odia los programas como Jersey Shore  y sabe perfectamente quién es Justin Biever. El nombre que más se ha repetido sí que ha sido el de Andy Warhol pero seguido muy de cerca por el de la onmipresente Lady Gaga. Ha comentado que Lady Gaga representa la libertad en la creación, destacando su valentía y la provocación que supuso acudir a una entrega de premios con un traje hecho con los filetes que le habían sobrado. Tal y como le dijeron, Marc Jacobs está "Gaga por Lady Warhol"

Que cada uno compare y opine si es verdad que la palabra "Lady" está de moda, lo que es verdad es que si algo saber hacer Lady Gaga es reinventarse cada día y jugar a los disfraces para crear nuevas identidades con cada modelito con el que nos sorprende. Si bien Makos reconoce que algunos son bastante feos.




No puedo terminar esta entrada sin comentar un último detalle que me ha llegado. En Público.es, el periodista Peio Riaño escribe lo siguiente:

" "En una semana tendremos listos para el IPhone una versión de este libro. Por fin he traído a Warhol al siglo XXI. Me sorprende tanto que Pedro Almodóvar o Agatha Ruiz de la Prada no tengan una aplicación para el IPhone! ¿Por qué tiene que venir un neoyorquino y hacerlo antes que ellos?", se pregunta mientras bebe su refersco light con pulgas de jamón."


Tengo que admitir que las pulgas de jamón y las napolitanas de chocolate estaban en la sala por mi culpa, después de la segunda entrevista me moría de hambre. Interpretar consume mucha energía y hay que mantener el motor en marcha cuando te quedan aún diez entrevistas más, el artista solo quería un refresco pero yo necesitaba algo con un poco más de sustancia después de tanta mención a los filetes de Lady Gaga.

martes, 2 de noviembre de 2010

Los amigos de Andy Warhol pueden ser también mis amigos

Quizás sea echar las campanas al vuelo, pero mañana me toca una jornada que promete ser interesante.
Después de mis quejas por las tarifas y las condiciones laborales, creo que es hora de aportar algo más positivo,   que explique en parte mi amor por este trabajo.

Mañana me tocan las entrevistas con la prensa de Christopher Makos, un artista de la fotografía y uno de los amigos de Warhol en Estados Unidos.
Aunque mañana se hablará de Warhol (si bien Makos en una entrevista grabada en youtube dice que no es lo único que ha hecho en su vida), me interesa casi más las fotografías que presentó en una exposición sobre las Polaroid. Son fotografías de los años 70 y 80 con una luz que apenas se ve ya se sabe a qué época pertenecen, no sabría definirlo pero condensan esas décadas mejor que muchas otras cosas.

Hace mucho que no trabajo con prensa y en cierto modo les echo de menos, a pesar del ruido que producen justo en las partes difíciles de los discursos y de las veces que me obligan a moverme porque salgo en la imagen o no se oye bien mi voz. Siempre he dicho que no quiero salir en la tele (no quiero mis 15 minutos de fama), pero sé que puedo ser un enlace entre el artista y la prensa y es esa la parte del trabajo que me apasiona. La comunicación es la verdadera droga de este siglo, si te dan poca sufres un mono terrible, pero si te dan demasiada y sin adulterar a veces resulta peligrosa.

No solo las hojas caen en otoño

Al parecer las tarifas de traducción e interpretación siguen su alarmante carrera en descenso. Ya he comentado en varias ocasiones la terrible tendencia que experimenta el mercado de la traducción en España últimamente, pero es que la cuestión no mejora.
La semana pasada me ofrecieron una interpretación en un polígono industrial en Fuenlabrada, no vivo cerca precisamente y no dispongo de vehículo propio. Sin embargo, no es algo tan extraño que nos envíen lejos, de modo que como siempre, me "busque la vida" para conseguir un medio de transporte que me llevase hasta ese polígono a las 8 de la mañana (contando con el tráfico). Una vez que tenía eso ya arreglado, me puse a pensar en un detalle. El presupuesto enviado era reducido, es decir, muy comedido, pero el cliente en cuestión no había respondido y la interpretación de jornada completa y altamente técnica era el día siguiente. Después de correos sin respuesta y llamadas, recibí la contestación: el presupuesto que envié era excesivo y por lo tanto lo iban a hacer con una persona que cobraba la mitad. ¡La mitad! Y yo ni siquiera había planteado incluir gastos de desplazamiento o dietas (dado que tendría que comer allí). No quiero ni pensar cómo saldría eso, porque si el intérprete era bueno, me pregunto que hacía cobrando en cacahuetes y si era mediocre me apena que las cosas no salieran bien, porque tampoco nos benefician los trabajos mal hechos.

Por si fuera poco está el caso Lionbridge, es un tema largo de contar y explicar, por suerte, yo no estoy metida en ese caso (para variar). He leído varias entradas en blogs comentando lo que les está pasando a los traductores de Lionbridge. La última noticia es preocupante cuando menos si es tal y como lo cuentan. Insisto que yo no trabajo para ellos, nunca lo he hecho, pero me parece un claro signo de lo que está pasando, nos piden más pero cada vez nos pagan menos. Además las críticas están a la orden del día. Si algo sale mal en una reunión la culpa siempre es del intérprete o del traductor que no ha hecho bien su trabajo. Me pregunto una cosa, si tanta importancia le dan a la calidad, que alguien me explique el motivo por el que algunos clientes no están dispuestos a pagarla.


Cuando un hombre se compra un buen traje de marca o un Ferrari siempre se justifica con la calidad, lo mismo pasa con una crema de una marca cosmética cara. Prefieres pagar más pero tener la mejor calidad. ¿Acaso nuestra calidad no importa tanto como quieren hacernos ver?