lunes, 4 de octubre de 2010

El estrés antes de la cabina

Como ya he comentado, además de interpretar, traducir y pelearme con los clientes para cobrar las facturas pendientes, soy profesora de interpretación de conferencias en Madrid. La semana pasada empezó el curso y una alumna preguntó con cuánto tiempo de antelación nos daban la información (presentaciones, Power Points, PDFs, etc.) La respuesta de libro es decir que con bastante y que siempre te dan la documentación necesaria para hacer bien tu trabajo. La respuesta realista es más propia de uno de los diálogos de Shakespeare in Love: "es un misterio".

Si se os ha quedado la misma expresión de cara que a William (J. Fiennes), mis queridos lectores, no os extrañéis, pardiez. La realidad del mundo de la interpretación es que nadie sabe del todo qué somos, qué hacemos y para qué narices queremos tantos papeles antes de meternos en una cabina, cuando el tema es siempre "general" y "sencillito", da igual si no sale del todo bien, y total, los asistentes serán cuatro gatos....ay, cuántas veces me habrán dicho eso y luego al llegar te encuentras con toda una sala de hotel llena de gente con corbata (incluidas las damas) y con cara de saltar a la yugular al primer "traductor" que se equivoque en uno de esos términos técnicos endemoniados que solo dominan ellos.
Hoy se ha hablado de nuevo del tema de los "traductores" del senado. No voy a entrar en debates políticos, no es ese el objetivo de este blog, pero me hace gracia como la gente se lleva las manos a la cabeza y grita desesperada lo caros que son los "traductores", sobre todo esos que hablan.


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